La economía argentina continúa sin mostrar señales sólidas de recuperación. Después de la fuerte caída registrada en julio, la actividad económica avanzó apenas 0,1% en agosto, un rebote insuficiente para compensar el retroceso previo. En la comparación con el mismo mes de 2025, el indicador registró una caída del 1,7%, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Los datos corresponden al Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), un indicador que permite anticipar la evolución del Producto Bruto Interno (PBI). El resultado de agosto encendió nuevas alertas porque el mercado esperaba una recuperación más importante luego del desplome mensual de julio, cuya caída fue revisada al 2,8%.
El deterioro también se refleja en la desaceleración del crecimiento acumulado: entre enero y agosto, la actividad registró una suba del 1,2% respecto del mismo período del año anterior, muy por debajo de los registros que había mostrado meses atrás. La mejora interanual acumulada, por lo tanto, convive con un escenario de estancamiento y retrocesos en sectores centrales para el empleo y el consumo.
El dato vuelve a poner en cuestión el optimismo del Gobierno de Javier Milei, que sostiene que la economía atraviesa una transformación estructural y que las fluctuaciones mensuales no reflejan necesariamente la tendencia de fondo. Sin embargo, la debilidad de la industria, el comercio y la construcción plantea dificultades concretas para que esa recuperación se traduzca en una mejora generalizada.
Industria, comercio y construcción: los sectores que arrastran la actividad
El dato general esconde una economía que avanza a dos velocidades. Mientras algunos sectores vinculados con los recursos naturales muestran crecimiento, las actividades más relacionadas con el mercado interno continúan retrocediendo.
Según el informe del INDEC, diez de los quince sectores relevados registraron caídas interanuales en agosto. Entre los rubros más afectados se encontraron:

Variación interanual. Fuente: INDEC, EMAE de agosto de 2026
La caída de la industria manufacturera y del comercio tuvo un peso especialmente importante en el resultado general: entre ambos sectores restaron 0,9 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE. Son dos actividades centrales para el funcionamiento del mercado interno y la generación de empleo.
La construcción también retrocedió, con una baja del 2,5%, mientras que transporte y comunicaciones cayó 2,9%. El retroceso simultáneo de estos rubros limita las posibilidades de una recuperación extendida al conjunto de la economía.
Minería y energía crecen, pero no compensan las caídas
Del otro lado, el desempeño de las actividades extractivas volvió a mostrar el perfil desigual de la economía. La explotación de minas y canteras avanzó 11,1% interanual, mientras que electricidad, gas y agua creció 4,3%. Hoteles y restaurantes también registró una suba, del 3,1%.
Estos sectores aportaron positivamente al indicador, pero no lograron contrarrestar las caídas de las actividades más vinculadas al consumo y la producción industrial.
El resultado expone uno de los puntos críticos del modelo económico: el crecimiento de la minería y la energía puede mejorar las exportaciones y generar divisas, pero no necesariamente se traduce de manera inmediata en más empleo o mayor consumo para el conjunto de la población.
La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse una recuperación concentrada en determinados sectores si la industria, el comercio y la construcción siguen sin recuperar dinamismo.
La recesión técnica, cada vez más cerca
El dato de agosto volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de que la Argentina entre en recesión técnica durante el tercer trimestre de 2026.
La economía ya había registrado una contracción del 0,6% en el segundo trimestre frente al primero. Para evitar una segunda caída trimestral consecutiva, septiembre debería mostrar una recuperación extraordinaria que permita compensar el retroceso acumulado durante julio y agosto.
De acuerdo con estimaciones citadas por la consultora LCG, la actividad tendría que crecer alrededor de un 8,5% mensual en septiembre para que el tercer trimestre cierre sin una contracción. Ese escenario aparece como altamente improbable.
La recesión técnica se define, habitualmente, como dos trimestres consecutivos de caída del PBI en términos desestacionalizados. Por eso, el retroceso interanual de agosto no confirma por sí solo una recesión: la clave será el resultado trimestral definitivo. El panorama, sin embargo, es preocupante. La mejora de apenas 0,1% mensual no alcanzó para recuperar la caída de julio y dejó a la actividad en una situación delicada de cara al cierre del trimestre.
Milei y Caputo relativizan los indicadores negativos
Frente a los datos, el presidente Javier Milei defendió su interpretación de la evolución económica y cuestionó la confiabilidad de las mediciones desestacionalizadas en un contexto de cambios estructurales.
El mandatario sostuvo que la economía atraviesa una desaceleración del ritmo de expansión y que los indicadores mensuales pueden mostrar fluctuaciones que no representan la tendencia general. En la misma línea, el ministro de Economía, Luis Caputo, señaló que el EMAE desestacionalizado presenta una volatilidad que, a su entender, no refleja completamente la dinámica subyacente.
Caputo, por su parte, remarcó que la serie de tendencia-ciclo se encontraba 6,6% por encima del nivel de diciembre de 2023. Esa comparación muestra una mejora respecto del inicio de la gestión, pero no modifica el dato más reciente: la actividad se estancó en agosto y cayó en la comparación interanual.
No obstante, la promesa oficial de crecimiento sostenido se enfrenta así a una realidad más compleja ya que la economía no logra consolidar el rebote; el mercado esperaba una recuperación mayor y el riesgo de recesión vuelve a instalarse en el centro de la discusión económica.




